No son alentadores los vientos económicos mundiales, pues la desaceleración de la economía de EE.UU es un hecho, la crisis de desconfianza comienza a invadir los mercados asiáticos y el efecto vecindad de nuestro país parece no calmar su tensión especialmente con la hermana república ecuatoriana; estos fenómenos aunados a la tensión que produce los altibajos de un proceso de salida negociada en lo referente al intercambio humanitario, crean en la mente de inversionistas y consumidores mayores niveles de incertidumbre por el comportamiento de los negocios.